"Estaba remando de regreso cuando empecé a despertar. Primero desaparecieron los remos. Luego la sensación de movimiento. Por último el bote. Abrí los ojos justo antes de caerme al agua", Y me ahogué. Me ahogué en mis pensamientos, me ahogué en mi propio mar de ideas. Me ahogué y no renací, pues desde el fondo del mar sabía que no iba a salir. Aunque estaban aquellos que me gritaban desde la orilla que sí, que iba a poder salir. Pero es fácil no ahogarse cuando uno sabe nadar; pero nadie nunca me enseñó a mí--y tampoco lo aprendí-- a nadar en las aguas de una mente inquita e imperfecta, directamente me decían que "no era necesario" pues mis emociones no debían de importar, debía secarme las lágrimas y salir con una sonrisa para no preocupar a los demás, ya que yo no sabía si ellos sabían o no nadar...
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