Elijo creer que fue el río. Hay historias que no se pueden contar. Hay historias que solo han de ser vividas, pero no transmitidas. Donde el viento, el pasto y la lluvia son los únicos testigos. Hay historias que nunca terminan, aunque sus protagonistas se distancien. Hay quienes lo llaman hilo rojo, hay quienes lo llaman destino. Para mí, es una reverenda mierda. Pero según mi abuela, esas palabras no son de señorita. Hay historias que merecen ser oídas, y que el viento se encarga de transmitir. Esta historia, no merece ser contada. Solo tiene que ser vivida. Hay dos personas que se aman. Hay dos personas que se miran. Hay dos personas que por más que quieran, no pueden estar juntas. Hay dos personas que tienen dos vidas. Hay dos personas que cambiarían todo si las circunstancias cambiaran. Pero esa no es mi vida, no. Mi historia no la cuenta el viento. Mi historia, quizás, la cuente el río. En el río nos conocimos y en el río nos despedimos. O algo así. ...
Sentada en la bañera, de nuevo, por segunda vez en el día. Lo que provoca el calor. El beso, la caricia, la mirada cómplice. Abre la ducha, helada. Para borrar ese calor que volvió a sentir en el cuerpo. El adiós, la lágrima, el último abrazo. Abre un poco más la caliente, tampoco está para helar tanto el corazón. 2. Acostada, leyendo. El libro que le recomendó. El recuerdo vívido de esa charla. La lágrma que se atreve a reaparecer; la mano que la despacha agilmente. 3. En la cocina, buscando con qué llenar el vacío de su estómago, y de su corazón. El paquete de galletitas que odiaba comer por la cantidad grasas que traía. “Ultraprocesados”, decía con cara de asco. No le importó. Lo tomó igual y se lo llevó a la pieza. 4. La playlist que no pudo volver a escuchar, esa que tenía canciones que la hacían recordarlo. La noche entera que pasaron escuchado a Charly. Puso música clásica y se dignó a ordenar su escritorio. Su escritorio sacr...