Tomé la lapicera y un par de hojas, y salí al balcón. Cientos de recuerdos se vislumbraban en mi mente. El frío de la noche abrazaba mi piel y su oscuridad arrasaba mi vista. Y con la luz de la luna iluminando mi mesita, respiré profundamente llenándome con el aire frío, pero nuevo, que las sombras me traían. Miré las estrellas una última vez antes de centrarme por completo en la hoja que tenía delante. Entonces comencé a dejar que mi mano escribiera por sí sola, dejando salir todas mis emociones: Querido Daniel: Escribo esto para recordarte. Para recordarte que te amo. Para recordarte que no sé qué haría sin vos en mi vida. Aún se me viene a la cabeza el día que comenzamos a salir, ya van varios años de eso. Son curiosas las vueltas de la vida, ¿no?. Vos ahí, en un boliche de Buenos Aires, y yo llegando a ese mismo boliche también (no más que por pura casualidad), demasiado emocionada porque era la primera vez que salía de mi ciudad. Era la primera vez que salía de Rosario. ...
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