Ave fénix, descansa en tus cenizas, luego de decidir, no renacer. Te veo revolcarte en tus versos, grises, rotos, tristes. Hoy no me visitaste, tampoco ayer, me dejaste con las persianas de mi corazón abiertas. Tal vez no volaste esa noche de cenizas, poesía, y poca alegría. Quizás estás renaciendo, en mis versos, con tinta de ceniza; para enseñarme de una vez por todas a renacer de mis cenizas, y a refugiarme en mis versos dorados.
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