Sentada en la bañera, de nuevo, por segunda vez en el día. Lo que provoca el calor.
El beso, la caricia, la mirada cómplice.
Abre la ducha, helada. Para borrar ese calor que volvió a sentir en el cuerpo.
El adiós, la lágrima, el último abrazo.
Abre un poco más la caliente, tampoco está para helar tanto el corazón.
2.
Acostada, leyendo.
El libro que le recomendó.
El recuerdo vívido de esa charla. La lágrma que se atreve a reaparecer; la mano que la despacha agilmente.
3.
En la cocina, buscando con qué llenar el vacío de su estómago, y de su corazón.
El paquete de galletitas que odiaba comer por la cantidad grasas que traía. “Ultraprocesados”, decía con cara de asco.
No le importó. Lo tomó igual y se lo llevó a la pieza.
4.
La playlist que no pudo volver a escuchar, esa que tenía canciones que la hacían recordarlo.
La noche entera que pasaron escuchado a Charly.
Puso música clásica y se dignó a ordenar su escritorio.
Su escritorio sacramente ordenado.
Su vida, cada vez más caótica.
5.
Después, mucho después.
En la bañera con agua helada,
en la cocina con paquetes de galletitas,
la playlist de Charly
el escritorio ordenado.
Quizás era cuestión de abrazar la soledad.
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