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Refugiar(me)

Una vez de chiquita, me dijeron que no había refugios para humanos. Crecí en esa mentira, hasta que un día, algo cambió(nunca supe qué, precisamente) y me dí cuenta de lo equivocada que estaba esa persona. Lo que pasa--y por lo que no culpo a la persona por su desconocimiento-- es que los refugios están escondidos y van cambiando de lugar y de forma con el paso de los años. Para que se te aparezca un refugio hay que tener una llave: un corazón roto. Con la mente también aplica, pero es más difícil que se rompa. El corazón siempre sufre más. No es necesario tenerlo partido en mil pedazos para poder entrar a un refugio, con tenerlo un poquito rayado, y en busca de curitas, la puerta aparecerá sola. Es literalmente magia, o quizás una ilusión de la infancia. Cuando era chiquita me refugiaba en dos lugares: el abuelo, la familia cercana; y si ésta no escuchaba(o yo no quería escucharla), me iba a un rinconcito en el living y me ponía a jugar. Jugaba desde a la escuela, hasta inventar obras...

El origen de...

 Paciencia... Ya van a escuchar cómo arranca éste texto.  Érase una vez, hace un tiempo ya muy lejano, una bella pareja que divagaba por la tierra y el cielo. Corrían, nadaban, volaban, sentían... No había humanos que los quisieran unir; juntos fueron buscando el mejor lugar para la futura hija que tanto deseaban, pero que hacía tiempo que esperaban y no llegaba. Pensaron en los árboles, en el cielo, en las aguas. Hasta que un día conocieron a la Experiencia, y decidieron que era junto a ella, el mejor lugar para que su hija creciera. La esperaron, la soñaron, la sintieron. Ella no llegaba. Pero luego de tanta espera, y de la unión de sus padres; de la unión del Equilibrio y la Persistencia, nació ella, nació la Paciencia. Era una niña inquieta, que le encantaba esconderse; y a su amiga la Experiencia le encantaba encontrarla.  Jugaron por miles de años, y hoy en día siguen jugando. Y de su diversión, salieron la Ansiedad y la Desesperación; pero ese es un cuento para otr...

La delicada y maravillosa "infancia"

Cuando sos chiquitito, tus papás cuidan de tu infancia; la miran, le buscan sentido, y la cuidan. Pero no la entienden. La infancia está escrita en un lenguaje que sólo pueden entender los chicos. En la infancia, los chicos ven esas cosas que están ahí, pero no todos pueden ver. Los niños vienen con otros ojos al mundo, ¿por qué? ¿Será porque ellos llegan sin saber nada, entonces pueden ver todo? La infancia está recubierta de caramelos y pataletas, pero es engañosa, porque adentro está hecha del más fino y delicado cristal. Que si se raya, o peor aún, se rompe, deja cicatrices---visibles o invisibles--- en la piel. La infancia se rompe cuando la toca alguien que no la tenía que tocar; se rompe cuando le gritan; o cuando oye algo que no tenía que escuchar. La infancia aunque esté rayada, sirve igual, porque aunque no lo sepamos, siempre presentes en nosotros estará.

Cuerpo

  El cuerpo es la personificación del alma, pero esta última detesta estar encerrada, así que crece--o se achica--. Se expande, explora, llora y grita.  El corazón en su mejor amigo, juntos sienten aquellas cosas que al querer nombrarlas se nos enrolla la garganta. En cambio, con la mente se llevan como perro y gato; la mente cuestiona y el alma quiere "ser". Pero "ser" también es cuestionarse, ¿o no? Hay quienes dicen que cuando estamos enfermos es porque el alma también lo está. No creo que esto sea así; considero más verosímil e hecho de que el cuerpo le ponga límites al alma; porque esta, con su deseo de brillar, a veces hace al cuerpo enfermar. Cuando la mente no está del todo de acuerdo con las locas ideas del alma, le tira una gripe, un resfriado, o un poco de fiebre. Y aunque la fiebre llega, por lo general, a los 38 grados al alma le cae como un baldazo de agua fría.  El cuerpo se escribe, se re-escribe y se describe. Tacha y sigue, o arranca y vuelve a emp...

Cuadros en el bar

Te vi, ¿me viste? Pareces tan profundo con esas pinceladas celestes y rosas que le dan el brillo a tus ojos. ¿Quién te habrá retratado? Quién sea que lo haya hecho, me pregunto en quién se habrá basado... Estamos en el bar, sentados los dos; con esa pintura al lado de nuestras cabezas. Somos compañeros de trabajo. Pedimos un café cada uno. Mientras hablo con vos pienso sobre la pintura que tengo enfrente. Es una especie de hada. Los colores son muy llamativos. Moves mucho las manos. Me estresa. ¿Por qué hablas tan fuerte? ¿No te das cuenta que hay más gente? Creo que una conversación con una pared sería más interesante. El café estaba horrible, Me molesta sentirme observado. El sonido de la máquina del jugo es estruendoso. ¡Basta! tengo que responderte algo. "si si, algo me voy a inventar", te digo con desgano. Pareces estar conforme con tu discurso, y yo no tengo idea de qué dijiste. La pintura que tengo a mi izquierda, ¿serán los ojos del hada que está plasmada más adelante...

Quiero...

Lo que yo quiero es poder dormir bien. Poder dormir para poder soñar, sobre aquello que no logré alcanzar. Quiero dormir para que mi mente me deje de torturar y me permita avanzar; quiero crecer, quiero volar. Quiero sentir que puedo vivir. Quiero oír a los demás, quiero que los demás me oigan. Quiero recorrer el mundo arriba de un avión, pero ahora tengo que conformarme estando enfrente de un televisor. Quiero amar y ser amada; quiero conectar con alguien y sentir que tengo alas. Quiero ver para atrás y reconocer todo el camino que ya crucé. Me quiero felicitar y me quiero mejorar. Me quiero permitir como el cielo ser, me quiero permitir cambiar; me quiero permitir aceptar. Me quiero organizar en algunas cosas y desorganizarme en otras. Quiero disfrutar el pequeño placer del caos, pero del orden mental. Quiero tomar mates en clase y también caer el Axel. Quiero, quiero, quiero... ¿Me quiero?, ¿te quiero?, ¿me querés? Si no te llamo objetivo, ¿venís a mi?, ¿o tengo que ir a alcanzarte ...

Mientras siga viendo mi cara en la cara de la Luna

Ser como la Luna, pero no llamarse como ella. Eso es algo que creo que todos los seres humanos tenemos en común.  La Luna se muestra de a partes, y nos oculta otras. Ser como la Luna significa permitirse no siempre mostrarse lleno, sino que de a partes, de acuerdo a cómo estemos.  Si bien nos parecemos a la Luna, también es cierto que nos diferenciamos de ella; es decir, ella se muestra ante todos igual, en cambio nosotros según el entorno podemos cambiar. La Luna es mi compañía en mis desvelos nocturnos; a veces salir a observarla me hace llenarme de calma. La Luna es mi guía, quizás por eso cuando era chiquita me ponía triste cuando no la veía. La Luna es un reflejo de lo que somos. La Luna siempre está acompañada: por las estrellas, por la Tierra, por nosotros. ¿La Luna nos acompaña o nosotros acompañamos a la Luna? La Luna está en muchos aspectos de nuestras vidas: nos identificamos con ella, nos guía, nos abraza con su luz. Pero somos pocos los que podemos mirarla, identi...