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Seamos angustia

Mi palomita gris, que ya te dije que eras blanca como nosotras; me angustia tu angustia.

Es algo que no te digo, a vos, ni a nadie; me gusta esconderlo en el disfraz de mi vida. 

Pero no te sientas mal porque me angustia, a veces sentir eso ayuda al autodescubrimiento. Tampoco es lo único que me angustia, hay más cosas; siempre hay más cosas.

Es otra de las esferas que está en la caja de las emociones, con un color azul, quizás porque así la representan en las películas. Pero ¿te cuento un secreto? Un día, hablando con la Angustia, me dijo que no le gusta ser azul, dice que prefiere ser gris. Ni blanca, ni negra: gris. Porque ella siente que es uno de los grises que hay en el alma. La mayoría la esconde bajo la capa de las emociones amarillas, o directamente nunca la sacan de la caja. Dice que la suelen llevar a la cama, y que con la almohada y las lágrimas se lleva muy bien. Algunos pocos la trasladan al papel, pero por lo general se queda atascada en el nudo en la garganta por un par de semanas. Porque ella es duradera, a ella le gusta estar, pero para tu bien; porque quiere que abras tus alas y vueles en libertad, porque quiere que conozcas la magia de ser mariposa, pero que antes disfrutes de ser oruga, porque quiere que reflexiones en el otoño para que en la primavera estes radiante. Porque la Angustia te quiere.

Porque sin angustia no somos palomas, ni orugas, y menos mariposas.

La angustia puede parecer una cárcel, pero pocos saben que tienen la llave dentro de su misma celda...

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Qué hacer si un dragón de komodo te ataca

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Pausas

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Dónde estás

Encuentro consuelo al pensar si alguna vez sabrás todos los poemas que te dediqué y nunca llegaste a leer. Me pregunto si sabes que guardé tus caricias en el papel y tus casibesos en mis labios sellados.  Como secretos incapaces de pronunciarse. Me cuestiono dónde quedó tu valentía, para tomarme de la cintura y ayudarme a acallar mis palabras. Dónde quedó el amor, imploro por las noches. ¿Dónde estás, amor mío? En mis poemas no te encuentro más.

Lo que no me animé a decir

En mi panorama, solo tengo ojos para vos. Te acaricio el pelo con ternura y te digo que estés tranquilo, que sí vas a poder. Que no tengas miedo, que acá te estamos esperando con un abrazo y el corazón abierto. Mientras mis dedos delinean tu oreja, trato de llamar la atención de tu mirada perdida en el horizonte. Tenes miedo. Con el tiempo aprendí a leerte. Me quedo en silencio admirandote. ¿Alguna ves pensaste lo tierno que sos? Estas aprendiendo a poetizar la vida y a poner en palabras eso que no sale en la práctica. Yo le sigo dando caricias a esa cabeza que te tortura y te lastima. ¿Quién te enseñó a ponerte tanta presión? En tus palabras encuentro consuelo al darme cuenta que hay alguien que piensa parecido a mí. Me devuelve la esperanza saber que aún hay soñadores en el mundo. En tus abrazos encuentro calma, y esa sin intención tan intencionada, de sintonía, de palabras. Me transmitis tanta calma que me adormeces, en una realidad donde se me exige estar despierta todo el tiempo. ...

Seguir

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