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Aunque no me veas, te sigo amando

 Lo habíamos logrado, al fin estábamos caminando hacia el altar. Al momento de los votos le dije:

-No sé si siempre supe que llegaríamos a este momento, creí que sería un romance adolescente como se ven en las películas, pero bueno, aquí estamos ¿no?; son muy curiosas las vueltas de la vida, y cómo de repente te percatas que es un círculo, y todo está conectado entre sí. Estábamos destinados a estar juntos, y si no lo estábamos decidimos cambiar los planes del destino. Éramos jóvenes- solté una pequeña risa-nunca había experimentado esa sensación con alguien más, era mi primer, y único, amor. Éramos más jóvenes que ahora, y sinceramente era un poco vergonzoso, estaba tan perdidamente enamorado de ti, que te escribía cartas todas las noches, algunas de ellas te leí esa noche que cenamos a esa bella luz de la luna, que los poetas suelen hacer alusión a ella y su hermosura, y luego subimos al techo para ver las estrellas, todas se parecían entre sí, pero la única y diferente eras tú, eres mi estrella Meissa-noté como se ruborizaba y como sus dulces y apasionantes ojos con una bella tonalidad verde oliva emitían ese brillo que tanto amaba ver en ella-. Nos conocimos ese primer día de secundaria—proseguí--, con el paso del primer año te convertiste en mi mejor amiga, en mi compañera en todo, en mi enchufe al mundo-la miré, y sentí como si de nuestras miradas saltaran chispas-.

En el segundo año nos comenzamos a conocer un poco más, y a mirarnos con otra cara, tal vez con otras intenciones… Como decía previamente, las cartas; traje la que creo que es la más especial--saqué el papel doblado que se encontraba en mi bolsillo-- y la leí, pero antes, un poco timidamente, dije: pido disculpas por la redacción de la carta, las palabras nunca fueron lo mío—Y vi que Mei esbozaba una sonrisa. “Quiero cantar una canción que sea solo nuestra, quiero amarte sin que nadie se oponga, quiero que podamos ser nosotros sin importar lo que digan los demás; y sé que no será fácil, nadie dijo que lo sería, sé cuánto te molesta que nos digan que seríamos una linda pareja o comentarios relacionados, pero yo, detrás de esa cara de “enojo” que hago cuando nos lo dicen, comencé a pensar en el qué pasaría sí… Y ahí descubrí cuánto te amo, o tal vez no sea amor, no creo que haya vivido aún lo suficiente como para saberlo, pero por los “niveles de vida desbloqueados”, como me dices tú en todos mis cumpleaños, que llevo, creo que sí se trata de amor. No sé qué precisamente me haya llevado a enamorarme de ti, simplemente todo tu ser me atrae de una manera como nadie nunca me había atraído.Recuerdo que una vez un amigo me preguntó que qué era lo que me atraía tanto te ti, y le dije que eran demasiadas cosas como para enumerarlas en una lista.  A tu lado es mi lugar seguro, me haces reír, llorar, gritar y emocionarme, me haces sentir que puedo ser yo mismo a tu lado, y creo que eso es lo que me enamoró de ti. Ojalá algún día te pueda leer esto, sin tener temor a arruinar la relación.”- suspiré y levanté la mirada, y vi como las lágrimas salían de sus amorosos ojos, siempre iluminados de ese brillo tan particular que tenían, que eran más hermosos—y brillantes-que una estrella.

-¿Aceptas a Meissa Anderson como tu legítima esposa? - me preguntó el sacerdote que estaba a cargo de la ceremonia.

-Sí, acepto- respondí con lágrimas asomándose por mi lagrimal.

-Y tu, Meissa Anderson, aceptas a Erick Browman como tu legítimo esposo?-.

A ella se le entrecortó la voz, pero logró decir que sí. Ese sí que hacía tan solo un par de años soñaba escuchar algún día, pero que creía que ese día jamás llegaría.

Luego tuvimos nuestra magnífica fiesta como recién casados, con nuestros seres más queridos; ella estaba hermosa en el altar y en la fiesta, con ese vestido de la misma tonalidad que la luna, largo ,con bordados de mariposas en la parte inferior, y la diadema que había usado su madre en el día de su boda, una diadema plateada como la más bella extracción de la plata, y recubierta por unas hermosas piedras preciosas que hacían que brille aún más de lo que brillaba por su cuenta. Era la persona más hermosa que había conocido jamás, pero además de su inigualable belleza física, la cosa más hermosa que tenía Mei era su personalidad, su capacidad de hacerte reír en los peores momentos, pero también la capacidad de escucharte y aconsejarte a su manera, una manera única…

Disfrutamos de la fiesta, comimos y bailamos todas las canciones. No dejamos pasar ni una sola. Lo estábamos disfrutando realmente. Toda la espera había valido la pena…

Pero siempre algo tenía que salir mal en mi miserable vida, que lo único que la mantenía feliz era ella. Volvíamos en la ruta, a las siete de la mañana, ambos estábamos muy cansados, pero felices, habíamos visto el amanecer desde una terraza que había en el salón donde habíamos celebrado nuestra unión, fue un momento muy hermoso. Veníamos cantando nuestra canción favorita a todo volumen, festejando y llenos de felicidad. Cuando sonaba el estribillo, desvié la mirada para verla, pero entonces, un enorme camión se nos cruzó por la ruta y acabó con todo en un abrir y cerrar de ojos. Habíamos tenido un accidente, luego de nuestra boda. Mi corazón dejaba de latir lentamente mientras sonaba nuestra parte favorita de la canción, y escuchaba los gritos y sollozos de mi amada esposa.

De repente ya no era yo, era una especie de sombra que se camuflaba en la luminosidad del día, al menos a ella  no le había pasado nada grave, solo un par de raspones y golpes; pero yo ya no estaba ahí, o no al menos físicamente.

Ella llamó desesperadamente a una ambulancia, mientras trataba de reanimarme, pero ya era demasiado tarde, me había ido, ahora solo era una ráfaga de viento, un recuerdo, una lágrima que corría por su mejilla. Me rompió en mil pedazos lo que quedaba de mi corazón verla en ese estado, jamás la había visto tan triste, su alma había caído a sus pies; temía por ella; tenía miedo de que cometiese alguna locura.

Vi cómo la llevaban al hospital y la derivaban al departamento de psicología; por más que intentaron, sus palabras no lograron salir de su boca, estaba en un estado de “shock” sin poder creerlo y aceptarlo. Estuve a su lado, moviéndome como un fantasma, abrazándola cuando estaba sola, pero ella solo me percataba como un escalofrío. La oía llorarme todas las noches, estaba destrozada; yo solo quería que ella lograra ser nuevamente feliz.

La vi en sus peores noches, y estuve con ella, aunque no pudiese verme, no quería dejarla sola, no podía soltarla. Con el paso de los meses iba mejorando poco a poco, pero cada vez que llegaba la fecha en la que cumpliríamos otro mes como matrimonio volvía a decaer. Con el paso de los meses trataba de informarle que yo estaba ahí aunque no pudiese verme, enviándole mariposas, su insecto favorito.

Había ya pasado un año del accidente, todos los días ella me iba a visitar al cementerio, rogando porque todo fuese un sueño, logrando despertar; ella solo quería escapar de la realidad…

Pasaron dos, tres, cuatro años; en el segundo año su familia la incentivó para que retome la carrera, pues estaba cercana a recibirse de arquitecta. Una noche en la que Meissa estaba buscando unos zapatos para una cena familiar, se encontró con los planos que había diseñado para nuestra futura casa meses antes de nuestro compromiso; las lagrimas de esa noche no solo fueron de ella, también fueron mías. Pensar en lo que hubiésemos podido ser y no fuimos destruía conmigo completamente.

Pero ella era muy fuerte, lograba superarse día tras día, y siempre mostraba una sonrisa a los demás, aunque en las noches esa sonrisa desapareciera completamente. Ella no quería que se preocupen por ella, creía que las personas ya tenían suficientes preocupaciones como para preocuparse de algo más, mostraba lo mejor de sí todos los días. No se merecía todo lo que estaba sufriendo, y lo peor es que era por mi culpa, yo era la causa por la cual sufría cada minuto de su vida; aunque yo fui el culpable, ella no lo pensó en ningún momento; Meissa me amaba con todos y cada uno de mis defectos, y nunca llegó a pensar que todo aquello era por mi culpa. Hubiese sido lo más simple culparme a mí sin más, y refugiarse en la lástima de los demás, pero aún así no lo hizo, y ahí fue cuando comprobé que lo nuestro era realmente amor.

El séptimo año del suceso llegó de la noche a la mañana, Mei estaba un poco mejor, dentro de lo posible; un sábado de agosto fue a una cafetería, como le gustaba hacer conmigo, y pidió lo mismo que pedía conmigo: un cortado con dos medialunas. Estaba leyendo, por décima vez, un libro que yo le había regalado por nuestro primer año de novios, esta vez, cuando llegó al final, se tragó las lágrimas y esbozó una sonrisa. Eso me reconfortó completamente. Se estaba recuperando. Los medicamentos y las interminables horas de terapia ya estaban haciendo que día tras día se encontrase mejor.

Semanas más tarde volvió a la cafetería, esta vez no estaba Mónica, la mujer que nos atendía siempre, sino que había un nuevo chico llamado John, quien indudablemente le llamó la atención Meissa. No sabía cómo sentirme al respecto, John intentaba entablar conversación con Mei, ella accedía, me sentía torturado al verla con alguien más, pero quería que ella fuese feliz. Pero, ¿su felicidad me quitaría la mía? Se dice que los muertos no sienten, qué importaba si yo era feliz o no, a fin de cuentas, era ella quien estaba viva en este mundo.

John y Meissa quedaron con verse al otro día en el bar que estaba a cinco cuadras, era algo así como una cita.

Llegó el día, se encontraron, comenzaron a charlar, y yo notaba las intenciones que tenía cada uno sobre el otro. Meissa no estaba segura si quería estar con alguien más, aunque hubiesen pasado siete años del accidente; y John claramente sentía algo por Meissa. Tenía miedo que la dañara, pero parecía buen chico (algo que me fue muy difícil de aceptar). John era un joven trabajador, estaba estudiando economía y tenía tres meses menos que Mei; con el dinero que ganaba en la cafetería ayudaba a su madre con su tratamiento de cáncer; sí, definitivamente era un buen chico. Era el típico “chico bueno” que se mostraba en las películas.

El tiempo pasaba como ráfagas de viento durante una tormenta, y de a poco, ambos fueron descubriendo sus sentimientos hacia el otro. Se enamoraron, pero la Meissa que veía con John no era la misma Meissa que estaba conmigo; era otra versión, una nueva versión de ella. John sabía que ella era viuda desde la primera cita, pero nunca le importó demasiado.

Luego de estar teniendo citas durante ocho meses, se pusieron de novios. No podía evitarlo, yo seguía estando enamorado de ella, pero era un amor imposible, jamás estaríamos juntos de nuevo.

Ella estaba logrando volver a ser feliz, luego de que yo la hubiese dejado sin lágrimas por el maldito accidente, estaba reconstruyendo poco a poco su vida, y eso medianamente sanaba mi dolor.

Por fin pudo enamorarse, enfrentó sus miedos y superó la mayoría de sus traumas, cumplió sus sueños, y por desgracia, yo no fui quién la ayudó. La muerte se cruzó en nuestros caminos sin permitirnos vivir nuestra tan esperada historia de amor; ahora me voy porque encontró en otro el amor-- o una parte de él-- que sentía conmigo, y le mostró la luz al final del camino. Entonces, después de tantos años, dejé de ser el motivo de sus lágrimas de madrugada, y me transformé en el recuerdo de su primer amor, y su maravillosa historia de superación…

Comentarios

  1. Que bueno que hayas encontrado un espacio para contar todas esas historias que mueren por salir dentro nuestro!! Seguí escribiendo y disfrutando de este bello arte!

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