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La esfera del enojo

No sé qué escribir, así que recurro a la "vieja confiable": la caja de emociones.

Es extraño pensar cómo en un comienzo tenía una caja llena de emociones por escribir. Hoy ya van quedando pocas; las examino con cautela, son esferas perfectamente redondas, brillantes y limpias. Si bien cada una tiene un lugar, a veces juegan a mezclarse entre sí.

Antes de tomar alguna, reflexiono sobre cómo serán las cajas de emociones de los demás, ¿serán cubos?, ¿tendrán más o menos emociones que yo?, ¿son todas iguales?

Como todos los sábados, llego a mi patio y me siento bajo la sombra del Limonero para canalizar aquello que todavía no pude sacar. Pero antes de acomodarme, desentierro la caja de emociones. Tuve un entrenamiento regular: más mal que bien. Y debo reconocer que un poquito me enojé. Así que agarro esa esfera: la del enojo.

La miro y la vuelvo a mirar. Odio la humedad, y hoy hay mucha. Me siento enojada, esta noche es el quince de una amiga y voy a tener el pelo feo. ¿Estoy enojada porque tengo la esfera entre mis manos?, ¿o porque simplemente logré sacarla de la caja?...

Me gustan las esferas. No tienen principio ni final. No tienen derecho ni revés. Son esferas, y son perfectas.

Huelo la esfera. No tiene olor, como la de la felicidad, por ejemplo--que tiene olor a chocolate--. Está a temperatura ambiente, también está un poco opaca, así que la froto contra mi buzo para limpiarla un poco.

Me enojo cuando no me sale algo, me enojo cuando me dejan un final abierto, y me enojo porque me enojo.

Observo mi enojo, y pienso que quizás está enojado, porque nadie lo quiere tener cerca; así que lo abrazo, y lo acerco a mi pecho para que sienta mi corazón, y me entienda que lo acepté. Quiero que sepa que yo sé que está ahí, y que prometo sacarlo más seguido, que también sé que no le gusta estar guardado.

Cuando estaba por devolverlo a la caja, la esfera se resbaló accidentalmente por la punta de mis dedos. Y cayó al suelo emitiendo un ruido a cristal roto. Me levanté apresuradamente y me quedé perpleja al ver que no se había destruido del todo, ya que había una esfera más pequeña que parecía que se había encontrado dentro del enojo por todos estos años. Esta esfera era la tristeza...

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